Autora: Alice Rodríguez
Irritabilidad, ansiedad, estrés, angustia, depresión, insomnio, afectaciones alimenticias, son algunas de las alteraciones del estado de ánimo y dinámicas que forman parte de una sociedad que vive su cotidianeidad en modo prisa en donde, progresivamente, se han normalizado los falsos beneficios que ofrece la cultura de la inmediatez, aquella en la que el ser humano funciona en un modo automatizado que decide no detenerse ante el sentido de la urgencia, aquella en la que se opta por permanecer en un mundo lleno de distractores, aquella en la que se omite reflexionar acerca de la importancia del autocuidado físico, psicoemocional y psicosocial que nos permita convivir como seres sintientes, vulnerables y compasivos.
Infancias, personas adolescentes, adultos jóvenes, personas adultas interactuamos en una sociedad cada vez más automatizada, robotizada en la que nosotros mismos como seres humanos decidimos permanecer con una mente, un comportamiento y un cuerpo en piloto automático, alterando nuestra realidad considerando que lo que nos proporciona la felicidad es lo que se encuentra en el exterior pasando inadvertido que cada día nos alejamos más de la convivencia humana en una interacción social consciente y atenta.
Vivir en modo prisa sustentado en la distorsión de que existe algo fuera de nosotros que debemos alcanzar con un sentido de urgencia en donde la conectividad digital, la publicidad engañosa, las redes sociales, entre otros, nos bombardean con altas expectativas de hacernos creer que seremos más felices mientras más nos sintamos personas aceptadas en un mundo ajeno que nos desvincule de una convivencia colectiva en escucha activa, no es más que el reflejo de la generación de una sociedad neurótica que nos exige un sobreesfuerzo por cumplir con altos estándares de aceptación social detonadores de alteraciones psicológicas dignas de ser reflexionadas ante las consecuencias que en materia de salud mental y bienestar generan.
6 horas y 43 minutos, de acuerdo con un estudio de Hootsuite y We Are Social publicada por el Foro Económico Mundial en 2020, es el tiempo medio global que las personas usuarias de entre 16 a 64 años pasan al día en la Internet a través de tecnologías de la información, un teléfono inteligente o cualquier otro dispositivo, exponiendo que Colombia tiene una media de navegación de 9 horas y 10 minutos, seguida por México con 8 horas y 21 minutos, España con una media de 5 horas y 41 minutos, siendo Japón quien ocupa el puesto más bajo con 4 horas y 22 minutos de navegación, datos que nos invitan a pensar, indagar y reflexionar en torno a la forma como optamos por desvincularnos de nosotros mismos ante la inmediatez de accesar a un mundo virtual que nos facilita respuestas y distractores con tan sólo un click.
¿Para ti qué es importante tener o ser? ¿Ser una persona generadora de dinero y aquello que se pueden comprar con él? ¿Cumplir con la expectativa de acumular logros profesionales que te llenarán de éxito social o personal? O bien, ¿Saberte una persona que en su autoobservación dedica gran parte de su tiempo a su autocuidado generoso y compasivo? ¿Decidir el momento oportuno para detenerte y convivir en la sala de tu casa en atención consciente y en gratitud a la convivencia familiar, de pareja o contigo misma o mismo?
García Campayo (2019) expone que el pensamiento occidental está basado en la creencia de que la felicidad está fuera de nosotros lo que él denomina como el modo hacer de la mente que se asocia con la forma como etiquetamos o describimos quiénes somos con base en aquello que hemos ido desarrollando a lo largo de la vida y con lo que nos identificamos, por ejemplo somos mujeres u hombres con una profesión, un trabajo determinado, exitosos, competentes, que tenemos o hemos logrado tal o cual cosa y en el que nos encontramos en una lucha constante por mantener ante la exigencia de lo socialmente correcto, por el contrario el modo ser de la mente implica buscar la felicidad dentro de nosotros mismos por lo que no nos etiquetamos ante el hecho de no perseguir nada ya que trabajamos en un estado de atención aceptando que todo cambia y que no podemos controlar el mundo, siendo más libres en decidir no identificarnos con una sociedad neurótica que nos atrae a la distracción.
Decidir ejecutar diversidad de tareas —el llamado multitask— provoca que nuestra mente sólo pueda prestar atención parcial a lo que hacemos lo que, a su vez, disminuye nuestra capacidad de darnos cuenta de lo agotador que resulta no detenernos, de forma tal, que elegimos mantenernos ocupados ante el parloteo de nuestro diálogo interior que se convierte en un incesante cúmulo de voces que habitualmente brincan entre el pasado y el futuro comportándonos de forma autómata olvidando que es en el presente en donde reside nuestra realidad.
Parar, detenernos por un momento a decidir cuestionarnos ¿Por qué corro? ¿Qué beneficio obtengo por mantenerme todo el tiempo en estado de alerta ejecutando más de una tarea? ¿Soy capaz de observar, reflexionar, optar, discernir utilizando mis sentidos? es una práctica que puede acercarnos a que nuestra mente a través del diálogo interior comience a dejar de controlar el mundo y a las personas que lo habitan, aceptando aquello que no podemos modificar como, por ejemplo, el comportamiento y la opinión de las demás personas.
La práctica de la atención consciente requiere de la voluntariedad, es decir, de un proceso inicialmente intencional de querernos detener a partir de aceptar que la cultura de la inmediatez que, aparentemente nos satisface, no es más que la exigencia social de ir más de prisa con una mente distraída, más que ello no significa que nos identifiquemos sino que tenemos la opción de abrirnos a la experiencia de buscar nuestra paz interior, nuestra tranquilidad y autocuidado de forma menos estresante, ansiosa y angustiante.
Las preguntas anteriores podemos complementarlas con una triada que nos facilite una mayor flexibilidad psicológica a partir de identificar lo que más valoramos de la vida, aquello que nos da sentido y que —una vez aclarado— se le dé una intención a partir de nuestra conducta, una atención y una actitud que detectemos pueda mantenernos en un modo más presente hacia una sensación de bienestar y creatividad que nos sea útil para tomar mejores decisiones en nuestra vida en donde la felicidad la encontremos en nuestro interior y no en la urgencia de lo cotidiano que obstaculiza la experiencia directa a nuestras vivencias.
García, J. (2019). Mindfulness Nuevo Manual Práctico, El Camino de la Atención Plena. Editorial Siglantana.
Mena, M. (2020). ¿Cuántas horas al día pasamos conectados a Internet? (2020). World Economic Forum.
https://es.weforum.org/agenda/2020/08/cuantas-horas-al-dia-pasamos-conectados-a-internet/
Nazish, N. (2024). La cultura de la inmediatez podría quemarnos: qué hacer para combatir la constante sensación de urgencia. Revista Digital National Geographic.
https://www.nationalgeographic.es/ciencia/2024/04/cultura-inmediatez-efectos-salud-soluciones-combatir-constante-sensacion-urgencia